Por eso decidí crear mi casa flotante. Mi transporte, mi estudio, mi hogar. Navegué como el más feroz de los piratas a través del Sena. Un par de lienzos, un bote oxidado con pinturas al óleo y trece pinceles era prácticamente lo poco que necesitaba para poder empezar a dibujar. Realmente, era impresionante todo lo que observaba des de allí. Sentado en mi silla, con mi brocha núm.11 en la mano izquierda, vi colores que atravesaron mi pupila y que todavía tengo almacenados. Ocres, marrones, azules, transparentes... Me sorprendió la cantidad de tonalidades que se puede hallar en mitad de un río y lo mucho que, más tarde, se anhelan. No olvido el silencio que encontraba cada amanecer cuando me levantaba para de nuevo, otra vez, pretender captar el momento, el segundo, el instante. Quizás fue aquel, mi temporal e inestable hogar que tenía una especie de magia, el que hizo más profunda mi ambición de hacer un instante..., eterno.

No hay comentarios:
Publicar un comentario