domingo, 5 de febrero de 2012

Alas de cristal


             Hace ya mucho tiempo que vuelas en los cielos de mis sueños. Con tu irregular tambaleo y tus alas cristalinas, pareces libre en el vuelo. Es de día y el sol está en lo alto. Te ilumina suavemente dejando en tus alas un cálido resplandor. Poco a poco, asciendes por el añil del cielo luciendo tu tan extraña belleza. Pero siempre, deseando más de lo que puedes, terminas por acercarte demasiado, como un inocente Ícaro, el sol acaba delatándote. Te deslumbra impidiéndote ver a tu alrededor. Haciéndote caer finalmente, desconsolado, sumergido en frágiles tambaleos que sin duda hacen de ti una víctima más. Cuando me ocurre esto, me levanto de un salto de la cama. Sobrecogida y con la respiración exageradamente entrecortada. Sabes abuelo, pensé que al llegar aquí las cosas cambiarían. Que lo olvidaría todo y empezaría una nueva vida. Sin temores ni asaltos. Pero como habrás podido imaginar, no lo he conseguido. Cada día que pasa siento más cerca de mí el lugar que he abandonado. Las cálidas mañanas en las montañas, con el fresco aroma de las flores y del azahar. El invierno y sus frías noches junto a la chimenea evitando el frío. Y oírte narrar aquellas historias llenas de anhelo. Echo de menos correr descalza sobre la hierba mojada y respirar al momento ese intenso olor a pino. Pero sobretodo, ¿sabes lo que más añoro, abuelo? Verte sonreír cada vez que veías a una mariposa alzar el vuelo.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario